Inflación y deflación.
Seguramente si
preguntásemos a los españoles si conocen el significado de estas dos palabras,
la mayoría de ellos no dudarían en responder que sí. Sin embargo, podríamos
asegurar que solo conocen la definición objetiva de estas. Unos las dividirían
en positivas o negativas para la economía, otros preferirían decantarse por que
ninguna de ellas es beneficiosa, e incluso nos daríamos cuenta de que algunas
definiciones que los ciudadanos creen reales no lo son del todo.
Concretamente en
este artículo me gustaría centrarme en la deflación. Esa a la que todo el mundo
teme, la que produce un efecto de desesperación por la caída de los precios, el
‘talón de Aquiles’ de las empresas.
Esto no es tan
radical. Podemos distinguir entre dos tipos de deflación, la que podríamos
llamar la ‘buena’ o la ‘mala’.
La deflación
mala seria la que podría producirse por el estallido de una burbuja
especulativa, por el desajuste entre oferta y demanda por una excesiva oferta,
o en caso contrario una insuficiente demanda. Cuando existe deflación, también se reducen
los prestamos, ya que saben que al pedir un préstamo con deflación, cuando esta
se regularice o disminuya, tendrán que devolver la cantidad de dinero a un
precio mas caro. Algunos casos de deflación
mala los podríamos encontrar en Japón tras en
estallido de su burbuja inmobiliaria a principios de los años 90.
De otro lado
encontramos la deflación buena. Esta deflación sería aquella que pudiésemos
controlar, y que, como todo lo bueno, debe de ser moderado (sería preocupante si durase mas de un año). También sería favorable
que esta se produjese simultáneamente o de forma asociada a una época de
crecimiento económico.
En este
contexto, aunque parezca un contexto idealista y casi imposible de producirse,
la deflación seria beneficiosa. Por ejemplo una disminución en los precios se
podría aprovechar para invertir en procesos tecnológicos, podríamos mejorar la productividad en de las
empresas, ya que, no olvidemos que contaríamos con un marco de crecimiento del
PIB. Un ejemplo de esto se podría encontrar en Estados Unidos en la época de
1869-96, donde a pesar de la deflación, el PIB crecía. Pero no tenemos que irnos tan lejos. En España, se dio un periodo de deflación en el que la productividad crecía. Esto lo entendemos muy bien en el estudio de Juan E. Castañeda Fernández, concretamente en el apartado '3.2.2.2 Deflación y aceleración del crecimiento económico 1867-1871'.
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