jueves, 7 de enero de 2016

Inflación y deflación.


Seguramente si preguntásemos a los españoles si conocen el significado de estas dos palabras, la mayoría de ellos no dudarían en responder que sí. Sin embargo, podríamos asegurar que solo conocen la definición objetiva de estas. Unos las dividirían en positivas o negativas para la economía, otros preferirían decantarse por que ninguna de ellas es beneficiosa, e incluso nos daríamos cuenta de que algunas definiciones que los ciudadanos creen reales no lo son del todo.

Concretamente en este artículo me gustaría centrarme en la deflación. Esa a la que todo el mundo teme, la que produce un efecto de desesperación por la caída de los precios, el ‘talón de Aquiles’ de las empresas.




Esto no es tan radical. Podemos distinguir entre dos tipos de deflación, la que podríamos llamar la ‘buena’ o la ‘mala’.
La deflación mala seria la que podría producirse por el estallido de una burbuja especulativa, por el desajuste entre oferta y demanda por una excesiva oferta, o en caso contrario una insuficiente demanda.  Cuando existe deflación, también se reducen los prestamos, ya que saben que al pedir un préstamo con deflación, cuando esta se regularice o disminuya, tendrán que devolver la cantidad de dinero a un precio mas caro.  Algunos casos de deflación mala los podríamos encontrar en Japón tras en estallido de su burbuja inmobiliaria a principios de los años 90.

De otro lado encontramos la deflación buena. Esta deflación sería aquella que pudiésemos controlar, y que, como todo lo bueno, debe de ser moderado (sería preocupante si durase mas de un año). También sería favorable que esta se produjese simultáneamente o de forma asociada a una época de crecimiento económico.

En este contexto, aunque parezca un contexto idealista y casi imposible de producirse, la deflación seria beneficiosa. Por ejemplo una disminución en los precios se podría aprovechar para invertir en procesos tecnológicos,  podríamos mejorar la productividad en de las empresas, ya que, no olvidemos que contaríamos con un marco de crecimiento del PIB. Un ejemplo de esto se podría encontrar en Estados Unidos en la época de 1869-96, donde a pesar de la deflación, el PIB crecía. Pero no tenemos que irnos tan lejos. En España, se dio un periodo de deflación en el que la productividad crecía. Esto lo entendemos muy bien en el estudio de Juan E. Castañeda Fernández, concretamente en el apartado '3.2.2.2 Deflación y aceleración del crecimiento económico 1867-1871'.


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